(El Mercurio) Abandonando el enfoque keynesiano más centrado en el corto plazo, el ex ministro de Hacienda, Eduardo Aninat, retorna a los economistas clásicos, extrae cifras de Piketty y sostiene que en el mundo globalizado la variable más importante para el mercado es qué pasa con la riqueza o el patrimonio privado y público que tienen los paÃses.
Aninat expuso ayer durante el lanzamiento de Portfolio Capital, una nueva empresa de asesorÃa financiera de la cual es socio minoritario (15%).
Partió su análisis señalando que desde agosto del año pasado hasta la fecha en la economÃa mundial hay una incertidumbre persistente donde los analistas tienden a mencionar a los culpables: que la Reserva Federal no emplea el lenguaje adecuado para manejar las expectativas; que el cambio de modelo hacia el consumo y los servicios que implementa China no está bien planificado y que cuesta años hacerlo; que Europa toma medidas tarde y que paÃses emergentes grandes, como Brasil e Indonesia, no están abordando el problema fiscal.
En su opinión, muchos economistas están perdiendo el foco encerrados en el análisis de corto plazo del PIB del trimestre, el semestre o del año y las expectativas de corto plazo de la bolsa. Más que enfocarse en los flujos o en los stocks de la economÃa (inversión, consumo, ahorro, exportaciones), considera que la variable más importante para los mercados es qué pasa con la riqueza y su asignación.
Utilizando la medición del economista francés Tomás Piketty, hace ver que en Suiza la riqueza puede ser tres veces el PIB; en Estados Unidos, entre dos y 2,5 veces el PIB de ese paÃs y, según sus cálculos, en Chile puede ser del orden de 1,7 a 1,9 veces el PIB promedio anual.
Se trata de la riqueza económica del paÃs de la cual forman parte la riqueza o patrimonio del Estado y la riqueza privada.
A su vez, en la riqueza privada apuntó a dos componentes: a la riqueza lÃquida que va a los activos financieros y aquella asociada a la actividad productiva de la industria, minerÃa y agricultura de un paÃs, entre otras.
Su visión es que no se está mirando la gran revolución tecnológica actual, cuya dimensión considera que es aún mayor a la de la revolución industrial del siglo XVIII y XIX. Hay sectores con tecnologÃa de punta que se van adaptando a los nuevos tiempos y a las redes y otros se quedaron atrás y eso se da una parte en la minerÃa, en el agro y mucho en la industria manufacturera, comentó.
“Hay una riqueza importante invertida durante décadas que hoy dÃa está obsoleta. China ya se llevó toda la industria de acerÃa y están también la India y Brasil. Hoy dÃa los taxis Uber que se consiguen por WhatsApp están arrasando con el sistema obsoleto de transportes en Francia, Alemania e Inglaterra y ya llegó a Chile”, comentó.
Según sus cálculos, si se trasladara capital privado industrial desde Estados Unidos a Europa o Asia por el equivalente a dos veces el valor bursátil de una General Electric, eso implicarÃa después de 15 meses ajustar a la mitad del valor del PIB que esas empresas aportaban a EE.UU. “Esa emigración se traga la mitad del crecimiento de un año calendario 2016”, señaló.
Más que preocuparse de un ajuste fiscal de corto plazo del orden de US$ 500 millones como el que se está implementando en Chile, piensa que valdrÃa más la pena preocuparse del valor patrimonial de Codelco, que estima en US$ 70 mil millones y si en tres años bajara a US$ 50 mil millones tendrÃa un fuerte impacto de largo plazo en la economÃa.
De su análisis derivan tres conclusiones para una empresa de activos, una familia o inversionista: mirar las tecnologÃas de los sectores donde invierte; ver si esos activos financieros son suficientemente lÃquidos para cambiarse rápidamente de paÃs o de sector; y ser más proactivo que en el pasado.