Centralismo ineficiente

Marko Razmilic

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Hace más de 20 años que nuestro gremio viene planteando la oportunidad gigantesca que tiene nuestro país en su sector minero. La oportunidad para aprovechar integralmente las potencialidades de la industria minera, es decir, la industria proveedora, el conocimiento, la ciencia y la tecnología, el capital social y desarrollo comunitario de las zonas productoras, la que por supuesto es la mejor y más fecunda vinculación del sector con el país, sus comunidades y su cultura.

Después de 20 años de boom minero, la Región de Antofagasta ya debería estar cerca de ser un complejo minero, industrial, científico, tecnológico de clase mundial. Es cierto, hemos avanzado y mucho, y como gremio siempre lo hemos destacado en nuestra mirada positiva; sin embargo, aún tenemos mochilas vergonzantes: nuestra calidad de educación es de las peores del país; nuestras empresas proveedoras regionales no son empresas de clase mundial, aún tenemos un modelo de encadenamiento que requiere consolidar buenas prácticas; nuestras ciudades no atraen, ni retienen todo el talento que requiere nuestra industria nacional líder… Calama ha sufrido el cáncer centralista desde siempre y esperamos que ahora se produzca la inflexión que se merece.

Los recursos aportados por las zonas mineras deben garantizar el pleno desarrollo de estas zonas. Ésta es una demanda técnica, es una demanda de eficiencia económica, no hacerlo equivale a no priorizar los esfuerzos en el principal contrato de una empresa; es decir, un error profundo.

Sin embargo, la realidad ha sido dura, sólo un ejemplo: el camino entre Antofagasta y Calama, uno de los caminos más productivos de Chile, aún no tiene doble vía. Recordemos que Chuqui inició su producción en 1917 y que sólo el año pasado esta Región transfirió al fisco más de US$5.000 millones.

Por lo mismo nos alegramos con la noticia del envío del proyecto de ley que promoverá una mayor retención de recursos que aportan las empresas mineras en las regiones donde operan; esperamos que no se repitan experiencias anteriores de frustración y que no se imponga el centralismo a la hora de aprobar la ley.

El centralismo económico, político y administrativo es un sistema que no sólo no reconoce a tiempo las potencialidades de las regiones de que se nutre, sino que también es un obstáculo para que estos subsistemas territoriales desarrollen con potencia todo el capital que poseen. El desarrollo regional pleno requiere de un sistema nacional descentralizado en lo político, administrativo y económico.

Marko Razmilic es presidente de la Asociación de Industriales de Antofagasta (AIA).

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