Cobre, educación y desarrollo

Juan Villarzú Rhode

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Estamos viviendo una coyuntura muy especial. El precio del cobre se ha recuperado muy rápido después de caer, a un mínimo ligeramente por encima de los US$3 por libra, en los peores momentos de la crisis financiera por la que está atravesando Europa. Hoy está cerca de los US$4 y lo más probable es que supere ese monto en el corto plazo. Como era de esperar, el alto precio del cobre se ha traducido en un incremento significativo de las utilidades de las empresas de la gran minería del cobre y de los ingresos del Fisco.

La buena nueva es que hay un alto grado de acuerdo en que los precios se mantendrán altos por un buen tiempo, fluctuando entre US$3,5 y US$4,5 por libra. Ante esta expectativa cabe preguntarse si las utilidades extraordinarias, fruto de las condiciones del mercado y no del esfuerzo empresarial, se están repartiendo equitativamente entre el país y los inversionistas. La respuesta es no. Remediar esta situación permitiría, entre otras posibilidades, avanzar más rápido en el diseño y puesta en marcha de una profunda e integral reforma de la educación en todos sus niveles. La demanda de calidad y equidad en la educación, que no hace mucho movilizó masivamente a los estudiantes y otros grupos sociales, podría así ser satisfecha. No por casualidad los manifestantes incorporaron a su petitorio la recuperación del cobre para Chile.

Por otra parte, la necesidad de satisfacer las crecientes demandas sociales, avanzar más decididamente en eliminar las desigualdades, y ofrecer oportunidades de progreso a todos los chilenos, ha instalado la reforma tributaria como un tema prioritario de la agenda pública. Las utilidades extraordinarias, generadas en el cobre y otros sectores, constituyen una fuente de recursos que hoy no está siendo gravada. Modificar el impuesto a la renta de las empresas, introduciendo un gravamen que busque compartir con el país las utilidades extraordinarias que se generen en cualquier sector de la economía, repercutiría positivamente en la eficiencia de la economía, aumentaría significativamente los ingresos fiscales y permitiría financiar la gran reforma de la educación que el país necesita para poder ganar en competitividad e igualdad.

Es importante tener presente que al gravar las utilidades extraordinarias sólo se
pretende compartir las utilidades que exceden de aquellas que el inversionista podría haber obtenido en condiciones normales de mercado y que no son atribuibles a su gestión. No implica aumentar la carga tributaria en forma permanente sino sólo en presencia de condiciones excepcionales.

Transformar las utilidades extraordinarias del cobre en educación de calidad para todos, desde la sala cuna hasta los institutos profesionales y la universidad, es el único camino posible para avanzar en competitividad, equidad e igualdad. Se trata de transformar capital físico (cobre) en capital humano. Se trata de que cuando se acaben las utilidades extraordinarias del cobre, el país se caracterice por el buen nivel de educación de la población en general, y la responsabilidad y calidad de sus trabajadores, técnicos y profesionales, condición esencial para que florezca la innovación, el cambio tecnológico y la competitividad.

Ésta es, sin duda, una coyuntura muy especial. En nuestras manos está aprovecharla para el beneficio de todos.

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