El desafío de consolidar la transición energética

En 2017, durante la promoción de su documental sobre cambio climático, Al Gore mencionó a Chile como un ejemplo que inspiraba al mundo en transición energética. No era una exageración.
Tomas Schröter Vicepresidente Generadores Independientes de Energía AG
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En 2017, durante la promoción de su documental sobre cambio climático, Al Gore mencionó a Chile como un ejemplo que inspiraba al mundo en transición energética. No era una exageración. En poco más de una década, el país ha transformado profundamente su matriz eléctrica: la potencia instalada creció cerca de un 75%, impulsada por energías renovables y, más recientemente, por sistemas de almacenamiento. Este proceso no solo cambió la forma en que generamos energía; también dio origen a un nuevo ecosistema económico de empresas de ingeniería, tecnología, construcción y servicios especializados que hoy exportan conocimiento a distintos países de América Latina.

Sin embargo, detrás de este éxito visible, la industria eléctrica atraviesa un período de tensiones. Vertimientos crecientes de energía, limitaciones en transmisión, volatilidad internacional de los combustibles fósiles y una expansión de la generación que ha superado el crecimiento de la demanda, configurando un escenario complejo. A esto se suman cambios regulatorios de corto plazo que dificultan consolidar una visión estable para una industria que requiere horizontes de inversión de varias décadas.

En gran parte, el crecimiento reciente de la generación no ha respondido a un aumento sostenido del consumo eléctrico, sino al reemplazo de tecnologías. Primero fue la descarbonización de centrales térmicas; hoy, incluso dentro del propio sector renovable, mientras el diseño marginalista del mercado lleva a que grandes inversiones se remuneren a precios muy bajos. El resultado es una paradoja: una industria que ha atraído miles de millones de dólares en inversión, pero donde el aumento de la capacidad renovable reduce la generación de valor mientras aumenta la percepción de riesgo financiero.

La transición energética promete energía limpia, abundante y estable en el largo plazo. Pero mientras ese riesgo se mantenga alto, es difícil que sus beneficios se reflejen plenamente en los precios. Cuando la industria logre mayor estabilidad y menor incertidumbre, la electricidad podrá consolidarse como una base competitiva para el desarrollo productivo, habilitando nuevas industrias como la electromovilidad, la desalación, los centros de datos u otra intensiva en energía. La transición energética, entonces, no será solo un avance climático, sino también una plataforma para el crecimiento económico del país.

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Tomas Schröter

vicepresidente Generadores Independientes de Energía A.G.

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