A comienzos de este año, Engie Chile concretó un hito para la transición energética del país con la desconexión de dos unidades a carbón del Complejo Térmico de Mejillones. Más que un evento puntual, marcó un cambio de etapa: la transición deja de ser una promesa y comienza a definirse en la operación real de un sistema que no puede detenerse.
El desafío hoy es transformar la matriz energética sin comprometer la seguridad de suministro, la competitividad ni el desarrollo de los territorios, pero con una exigencia más: hacerlo con realismo y una mirada sistémica, operando mientras se transforma.
La flexibilidad se vuelve central. La creciente participación de energías renovables exige sistemas capaces de responder a la variabilidad, anticiparse a la demanda y sostener la estabilidad en tiempo real. Por eso, soluciones como el almacenamiento, la transmisión y la reconversión de infraestructura han pasado al centro de la operación eléctrica.
El proyecto BESS Lile, desarrollado por Engie Chile en el Complejo Térmico de Mejillones, responde precisamente a esa lógica. No se trata solo de incorporar almacenamiento, sino de reutilizar infraestructura existente, sus terrenos, líneas, subestaciones y accesos, para fortalecer el Sistema Eléctrico Nacional, optimizar recursos y acelerar soluciones que el sistema requiere hoy.
En esa línea, la entrada en operación comercial de BESS Tocopilla, con 116 MW de potencia y 660 MWh de capacidad, marca un nuevo paso en esta transformación. El sistema ya está habilitado para operar en el mercado eléctrico, entregando energía y servicios de flexibilidad que fortalecen la seguridad de suministro y permiten desplazar generación térmica en horas de mayor demanda.
Este enfoque ha comenzado a ser observado también a nivel internacional. En 2025, la revista The Economist destacó el caso chileno como ejemplo de reconversión energética, utilizando como referencia el proyecto BESS Tamaya de ENGIE Chile, una ex central a diésel que hoy integra generación solar y almacenamiento en baterías, reutilizando infraestructura existente y reduciendo barreras técnicas.
El desafío hacia adelante no es sólo avanzar, sino sostener el rumbo. Chile tiene hoy la oportunidad de demostrar que es posible descarbonizar con responsabilidad.