Llegó la hora de innovar ¿En qué dirección?

Como innovar implica transformar procesos, evidentemente no es lo mismo transformar sistemas basados en procesos lineales que sistemas complejos.

Innovar implica transformar procesos, incorporar tecnologías e incluir a las personas para capturar todo el potencial de valor de la innovación.

En un mundo en “policrisis”, como lo describe Scharmer, es difícil generar la tracción de la innovación hacia una dirección, aunque estemos inundados de tecnologías, conocimientos y oportunidades, pues nos resulta difícil ponernos de acuerdo y colaborar.

Dicho esto, vale preguntarse si sirven los modelos de innovación puramente science-push (desde la oferta tecnológica) o demand-pull (desde la demanda la industria o los problemas de la sociedad), ampliamente debatidos o si es necesario fijarse en otros aspectos de los procesos de innovación para que logremos ser exitosos.

Por ejemplo, como innovar implica transformar procesos, evidentemente no es lo mismo transformar sistemas basados en procesos lineales que sistemas complejos. Resulta que justamente esta es la realidad a la que hemos llegado desde la revolución industrial y que esperamos transformar a partir de las revoluciones tecnológicas que estamos experimentando.

Para salir del foco en science-push o demand pull, pondré la atención en tres aspectos que me parecen relevantes a considerar para enfrentar la innovación con enfoque sistémico.

Primero, hablando de modelos de innovación, claramente y citando el principio del científico británico W. Ross Ashby, “Sólo la variedad puede absorber la variedad”, para enfrentar los desafíos complejos de la humanidad, necesitamos estructuras (y gobernanza), capacidades y tecnologías suficientemente diversas y adaptativas para gestionar la transformación de dichos procesos.

Si bien en la literatura se han descrito modelos de innovación en red (como por ejemplo los modelos de innovación abierta), que podrían incorporar la variedad y flexibilidad requerida para innovar de esta forma, hay aspectos culturales y de liderazgo que es importante analizar, sobre todo considerando que hemos operado por décadas en ambientes competitivos, donde la colaboración y la co-creación de soluciones no suele ser lo habitual.

En nuestro país debemos reconocer que hemos avanzado en institucionalidad y desarrollo de capacidades tecnológicas, hemos puesto bastante atención a los “nodos” del sistema de innovación y sus funciones específicas, pero hemos realizado poca reflexión en las interconexiones que faciliten una actuación en red y de manera colaborativa, y entender ese proceso “significa comprender la elaboración de nuestras relaciones sociales” (Schein, MIT).

En segundo lugar y conectado con el punto anterior, es importante entonces relevar la importancia de la cultura y estilos de liderazgos, la gobernanza y su implicancia en la dirección que pudiera tomar la innovación. Para esto citaré a Otto Scharmer, “No puedes liderar la transformación de sistemas si no sientes y presencias el futuro emergente”, al respecto Otto invita a construir las sociedades 4.0 (enfoque sistémico), y con ello la “necesidad de coordinarse en torno a la consciencia común del todo”, esto es, “extender el interés propio natural de algunos actores a una consciencia compartida de todo el ecosistema”, que implica un nivel de apertura y empatía tal, que permite “interiorizar los puntos de vista y preocupaciones de las demás partes interesadas”. Así innovar desde el futuro emergente, se inicia solo si comenzamos a cambiar las relaciones sociales. Por ejemplo, hoy en día las relaciones en innovación se establecen por interés y sabemos que las necesitamos colaborativas y como estamos conscientes de que este no es un cambio sencillo, es importante el diseño de la gobernanza y los perfiles de quienes la ejerzan para que tengamos resultados distintos.

En tercer lugar, es importante hablar de las oportunidades. En este sentido me gustaría poner el ejemplo de la innovación en minería y energía. La transición energética y la minería responsable son procesos profundamente interdependientes que requieren cambios no sólo tecnológicos, sino también sociales (aceptación comunitaria, cambios culturales), ambientales (cuidado del agua, biodiversidad), económicos (nuevos modelos de negocio, trazabilidad), regulatorios (normas ambientales, marcos de incentivos). Este conjunto de variables conforma un sistema complejo y dinámico muy importante para el país, que para enfrentar sus cambios, requiere que invirtamos tiempo y realicemos una reflexión profunda sobre nuestro (eco)sistema de innovación y los cambios que necesitamos implementar.

A propósito del interesante libro de Jeannette von Wolfersdorff, “La fascinante complejidad de nuestros sistemas” y su invitación a “rediseñar una nave espacial en pleno vuelo”, me pareció importante hacer esta reflexión e invitar a la discusión sobre nuestro sistema de innovación y los cambios necesarios para enfrentar los desafíos complejos de nuestros principales sectores productivos y, teniendo en consideración el principio de Ashby de “sólo la variedad puede absorber la variedad”, espero que la discusión se haga con la suficiente diversidad de actores y que idealmente estos ya estén habitando de la “sociedad 4.0”.

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Nancy Pérez, directora de la Empresa Nacional de Minería (Enami)

Directora de la Empresa Nacional de Minería (Enami)

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