(El Mercurio) El régimen de Mao Zedong en China impulsó la llamada Revolución Cultural desde 1966, que buscó reencauzar al paÃs hacia el ideal comunista que él veÃa desdibujado. Persiguió reforzar una dictadura totalitaria, dominada por el partido único, basada en el Estado como dueño de la propiedad y motor exclusivo de la estructura económica.
Entre las diversas consecuencias de esa revolución, varios lÃderes nacionales menos ortodoxos y sus familias fueron reubicados en provincias lejanas. Miles de jóvenes que podÃan asistir a la universidad fueron forzados a trabajar con los campesinos. Xi Jinping fue uno de esos jóvenes, y su padre, uno de aquellos dirigentes purgados por Mao.
Más de medio siglo después del inicio de la Revolución Cultural, Xi Jinping trunca el camino con que soñó Mao y busca instaurar su propia Revolución del Mercado en el paÃs más populoso del planeta.
El reformista
En el tercer plenario del XVIII Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), encabezado por Xi y que terminó el 12 de noviembre, se aprobó la idea de dejar a los mercados jugar un “papel decisivo” en la asignación de recursos.
Reserva al gobierno un rol ordenador, pero tampoco podÃa hacerlo de otro modo si desea evitar la ruptura del partido. Aunque aún faltan los detalles, se trata de la mayor reforma esbozada en materia económica desde 1978, cuando, dos años después de la muerte de Mao, Deng Xiaoping lideró la apertura económica y comercial de China. Aquella estrategia convirtió al paÃs en la segunda potencia mundial.
El camino trazado por Deng y continuado por Jiang Zemin y Hu Jintao tiene ahora, en Xi, al gran reformador de la reforma, justo un año después de haber asumido la Presidencia del paÃs y cuando la economÃa exhibe varios sÃntomas de agotamiento.
Nueva doctrina
Ya en 2002, cuando China ingresó a la Organización Mundial del Comercio (OMC), pidió ser reconocida como economÃa de mercado. Varios paÃses, incluido Chile, se lo concedieron, pero no todos. El trazado involucra muchos desafÃos. Con la mención explÃcita de que el mercado será privilegiado, Beijing señala su rumbo para mantener tasas elevadas de crecimiento y, al mismo tiempo, generar una mejor distribución de esas riquezas.
“Durante largo tiempo después de 1949, la idea del mercado fue un tabú asociado al capitalismo. Aun después de la reforma y la apertura en 1978, el paÃs luchó para definir el mercado, y algunos dogmáticos seguÃan preguntando si el socialismo podrÃa dar acomodo a la economÃa de mercado”, dice un análisis de Xinhua, la prensa oficial china, tras el anuncio de Xi.
Al parecer, sà hay espacio para el acomodo. Pero los cuadros deben ser readoctrinados para que todos marchen al mismo paso. Para ello, el 4 de noviembre, en Beijing, comenzó el primero de una serie de siete seminarios para ministros y altos funcionarios provinciales, impartidos por la Escuela del PCCh, para que entiendan las polÃticas de Xi a través de los discursos que ha pronunciado desde fines de 2012.
De partida, Xi Jinping busca acabar con la corrupción, sobre todo en las empresas estatales, que ha convertido en multimillonarios a hombres del partido, y generar un sentido de competencia que haga más eficiente el clima de negocios. No está claro si las poderosas empresas estatales en áreas estratégicas como la banca, recursos naturales, energÃa o telecomunicaciones abrirán su propiedad a capitales privados, pero sà podrÃa permitÃrseles a empresas extranjeras que compitan en igualdad de condiciones con las locales.
De acuerdo con Susan Shirk, académica de la U. de California San Diego (UCSD) y ex encargada de asuntos chinos de Bill Clinton, China tiene un mercado de capitales muy pequeño, lo que la hace depender de la inversión foránea. Por lo mismo, si atrae a firmas extranjeras para alimentar el dinamismo del consumo interno, se producirÃa un tremendo impulso competitivo. Asimismo, se espera que un paso crucial sea la liberalización del mercado inmobiliario, que permitirÃa a los usuarios de tierras, como los campesinos, transar libremente los tÃtulos de esas tierras; es decir, pasarÃan de ser inquilinos a verdaderos propietarios.
Los lÃderes esperan que esta Revolución del Mercado arroje resultados hacia 2020, en la forma de una economÃa más grande, un ingreso per cápita superior y una distribución de la riqueza más justa. “Una economÃa crecientemente de mercado, junto con un gobierno mejor gestionado, podrÃan ayudar a que el paÃs mantenga una expansión real de su PIB por habitante a tasas mayores al promedio”, dice Kim Eng Tan, de S&P.
La combinación de polÃticas pro mercado, todavÃa con la presencia del Estado en varias ramas de la economÃa y el monopolio polÃtico comunista, persigue amainar el creciente descontento de los chinos de la emergente clase media, que cuestiona la corrupción de la élite del partido y que aspira a un mayor bienestar.
Para otros observadores, como Barry Naughton, de UCSD, la falta de detalles de los anuncios solo reflejarÃa que la gran reforma que quisiera Xi aún está en pausa y, por lo tanto, estarÃa lejos de liderar una revolución como la de Deng Xiaoping.