(Reuters) De lunes a viernes, por la mañana y por la tarde, Roberto Ventura llega a las afueras de una importante minera en el suroeste de Venezuela para solicitar trabajo, pero dos meses haciendo lo mismo han consumido su paciencia y el poco dinero que tiene.
“Ya no vale la pena seguir esperando. Con lo altos que están los precios del oro mejor me voy a la próxima “bulla””, dijo Ventura, refiriéndose a los yacimientos ilegales recién descubiertos “donde el oro está en cada lugar que pisas”.
Tal como se dio la fiebre del oro en California a mediados del siglo XIX, ahora la zona conocida como el Escudo de Guyana -que comprende el sur de Venezuela, el este de Colombia, el norte de Brasil y la totalidad de Guyana, Surinam y Guyana Francesa- se ha convertido en centro de extracción del metal.
Y como Ventura, miles de mineros llegan diariamente al área de unos 2,6 millones de kilómetros cuadrados, considerada por la consultora estadounidense Nwfs una de las cinco principales zonas productoras de oro en el mundo, lo que amenaza una de las regiones con mayor biodiversidad del mundo.
“El aumento en los precios del oro es una de las principales razones para que la minerÃa ilegal se haya incrementado en esa zona”, dijo a Reuters el ex presidente de la Asociación de BiologÃa Tropical y Conservación (Atbc, por sus siglas en inglés), William Laurance.
Desde 2000, el precio del oro se ha revalorizado más de un 300%, marcando máximos históricos seguidos al ser considerado refugio para los inversores en momentos de crisis.
El escudo de Guyana, en la amazonÃa sudamericana, es también responsable del 20% de oxÃgeno del planeta, por lo que su contaminación ha alarmado a ecologistas.
Según Laurance, la actual fiebre del oro en el escudo de Guyana es más perjudicial que la de California para el medio ambiente ante el fuerte impacto en la pesca, ecosistemas acuáticos y áreas ribereñas en las selvas tropicales.
Problema dorado
Según cifras oficiales, Brasil produce unas 56 toneladas de oro al año, de las cuales sólo el 6% son ilegales. Pero eso no fue siempre asÃ.
En 1983, el porcentaje de minerÃa ilegal en el gigante sudamericano llegó a un alarmante 88% y en 1990 este tipo de actividad produjo 71 toneladas de oro, la mayor cantidad desde 1960 cuando se iniciaron los registros.
La producción de los mineros ilegales ha caÃdo fuerte en las últimas dos décadas ante un mayor control de la actividad, confirmó el ministerio brasileño de MinerÃa.
Además, lograr permisos legales y ambientales para desarrollar pequeña y mediana minerÃa se ha vuelto cada vez más lento en Brasil, lo que obliga a migrar a muchos “garimpeiros”, como se le conoce en esta zona a los mineros ilegales.
Los “garimpeiros” se lanzan a la búsqueda de oro en rÃos y tierra firme con grandes dragas y en socavones de hasta 80 metros de profundidad, arriesgando su vida y el medioambiente.
Se calcula que para extraer cinco gramos de oro deben remover una tonelada de tierra y sedimentos, asà como emplear mercurio y demás sustancias tóxicas que contaminan los rÃos.
Cizinho es un “garimpeiro” que tiene más de 20 años buscando oro entre Venezuela, Brasil y Guyana. Hace unos pocos meses levantó un campamento a orillas del rÃo CuyunÃ, en la frontera con Venezuela.
“Yo huà de Brasil porque el Gobierno empezó a combatir duramente a los mineros. Aquà todo es más tranquilo: si viene la Guardia sólo hay que darle 10 gramos (de oro) y no te molestan. Pero siempre hay que estar atentos”, dijo Cizinho dejando entrever su pistola Taurus.
Según los “garimpeiros”, las transnacionales esperan que ellos descubran grandes vetas para luego ir por concesiones mineras, gran parte adjudicadas en áreas protegidas.
Asà sucede en Guyana, una ex colonia inglesa que logró su independencia en 1966, donde la minerÃa ilegal representa casi el 80% de la actividad aurÃfera.
Las concesiones de oro y diamantes abarcan casi la mitad del territorio.En la Guyana Francesa, gran parte del territorio está cubierto por bosques. Sin embargo, estos están desapareciendo ante la rápida expansión de la minerÃa ilegal, que en los últimos años se ha multiplicado por cinco.
Un poco más al este, en Surinam, la producción actual de oro ronda las 25 toneladas, de las cuales 16 toneladas le corresponden a pequeños mineros, muchos de ellos ilegales.
El recientemente electo presidente de Surinam, Dési Bouterse, anunció la regulación del sector minero con la creación de 15.000 puestos de trabajos para reconversión. Sin embargo, recientes estudios aseguran que la cantidad de mineros superarÃa los 25.000.
Manuel Mendoza, conocido como “Veta”, trabajó más de 30 años como minero informal. Empezó cuando apenas era un niño junto con la mayorÃa de los miembros de su familia.
Hace seis años, cuando la minera rusa Rusoro Mining (RML.V) entró en Venezuela tras adquirir derechos sobre diversas concesiones mineras, se reconvirtió.
“Yo fui minero ilegal y hoy me siento feliz de trabajar en una empresa. Soy un reconvertido”, dijo Mendoza, padre de tres pequeños niños.
Asà como Mendoza, decenas de otros mineros lograron reconvertirse en el último lustro. Sin embargo, la gran mayorÃa prefirió internarse en la selva y seguir tentando a la suerte.
“¿Tú crees que yo quiero estar dÃa y noche metido en la mina? Pero es la necesidad que me obliga”, confesó José Vivas, un “garimpeiro” que nació en Colombia.
En estos campamentos casi todos portan armas y adornan sus manos con anillos de oro. Según estadÃsticas de medios locales, cada semana mueren un promedio de 30 personas en peleas a machetazos o balazos.
Fuente / Reuters