(Pulso) La década del carbón. Asà podrÃa definirse el modelo de expansión que ha predominado en el sistema eléctrico chileno, tanto en el SING como en el SIC, a partir de 2004.
De acuerdo con antecedentes de los Centro de Despacho Económico de Carga (CDEC) del SIC y de SING y de la Comisión Nacional de EnergÃa (CNE), la producción con este combustible pasó de representar el 15% de la generación en el paÃs en 2003 al 46%, pasando de 6.780 GWh a 31 mil GWh el año pasado.
Parte importante de esta expansión corresponde a terreno ganado a la hidroelectricidad, que en igual perÃodo retrocedió 11%, bajando del 48,5% de peso en ambos sistemas al 28,6%.
¿A qué se debe esta situación?
Son tres los factores que inciden. En primer lugar la sequÃa, pues 2013, el último año con producción completa comparable, fue un año seco, mientras que 2003 fue un año de hidrologÃa normal.
Sin embargo, la sequÃa no es lo único. Tras la crisis del gas argentino, desatada entre 2006 y 2008, las generadoras recurrieron -principalmente en el SIC- al carbón para reemplazar la capacidad de base que, por entonces, se quedaba sin abastecimiento.
Ello explica que en el Norte Grande este energético pasara de representar el 28% de la producción de energÃa en 2003 al 80% diez años después.
Un tercer elemento es el congelamiento de inversiones en centrales hidroeléctricas de gran tamaño. Tras Ralco, inaugurada en 2004, recién este año se inauguró la central Angostura, de Colbún, que alcanza una capacidad instalada de 316 MW.
Este panorama podrÃa variar en los próximos años, una vez que finalicen las obras de las centrales Alfalfal II y Las Lajas, que componen el complejo hidroeléctrico Alto Maipo (AES Gener) y Los Cóndores, de Endesa Chile, que aportarán 531 MW y 150 MW, respectivamente. A ellas podrÃa añadirse la central San Pedro, cuyas obras fueron congeladas por Colbún en 2011 y que podrÃan retomarse pronto.