(Reuters) Un grupo de capital estadounidense está invirtiendo más de US$100 millones para modernizar la industria colombiana de esmeraldas, en su mayor parte dominada por explotaciones artesanales y ocasionalmente sacudida por episodios de violencia entre las familias que las controlan.
Grupo Muzo, que asumió hace seis años la operación de la mina Puerto Arturo en el oeste del departamento de Boyacá, emplea a unas 700 personas para explotar el yacimiento más productivo de un paÃs conocido por tener las mejores gemas verdes del mundo.
“Lo que necesita Colombia es más inversión extranjera y nacional en la industria, tiene que abrir nuevas minas y tecnificar las que existen”, dijo el miércoles en una entrevista con Reuters Charles Burgess, director de MinerÃa Texas Colombia, la firma que opera la mina.
“Es absolutamente necesario cambiar el sistema artesanal, hoy en dÃa sistemas de producción artesanales no pueden competir en el mundo”, afirmó Burgess, un ex diplomático de Estados Unidos que trabajó en Colombia y otros paÃses de América Latina.
Grupo Muzo inició la explotación después de un acuerdo con VÃctor Carranza, el “zar” de las esmeraldas de Colombia, a quien compró en el 2013, por una cifra no revelada, los tÃtulos que le permitieron controlar la operación y comenzar la millonaria inversión.
Según el Gobierno, las exportaciones de esmeraldas el año pasado fueron de US$134,3 millones y la producción alcanzó 1,96 millones de quilates. Pero no todos los envÃos se declaran, según fuentes del sector.
“La esmeralda colombiana es la mejor del mundo. Pero no ha sido fácil el proceso de cambio”, aseguró Burgess. Colombia compite con otros productores como Afganistán, Brasil, Rusia y Zambia.
Las familias que han controlado al sector protagonizaron violentos enfrentamientos conocidos como la “guerra verde” que sólo cesaron con un pacto de paz firmado en 1990 con la mediación de la Iglesia Católica. Pero aún hay episodios de violencia.
Además, la región es muy pobre, una situación que según Burgess puede cambiar con una mayor inversión que permita modernizar las operaciones, abrir nuevos proyectos y generar empleo. La mina de esmeraldas más joven de Colombia tiene 25 años.