La educación terciaria en nuestro paÃs se ha visto convulsionada por irregularidades en los procesos de acreditación institucionales producto de la poca regulación existente en esta actividad. La creación de instituciones de educación superior y de carreras está regulada de manera casi exclusiva por el mercado, y esto ha ido en desmedro de la calidad de la formación que se entrega en algunas instituciones.
Somos testigos de numerosas ofertas de carreras en minerÃa. Si bien es perfectamente válido que nuevas instituciones las ofrezcan, la desregulación de este crecimiento debiera preocuparnos. La actividad minera es el motor de nuestra economÃa y, como tal, requiere de profesionales capacitados.
Es más, una parte importante de los beneficios que el paÃs recibe de esta industria viene de la mejora laboral a la que estos profesionales acceden por trabajar en ella. Es asà como el estándar de los trabajadores de la minerÃa, en cuanto a su acceso a salud, educación, vivienda y bienes y servicios, es bastante más alto que el de quienes laboran en otras actividades. Una consecuencia de esto es que más estudiantes proyectan en las carreras mineras una mejor oportunidad de surgir y una posibilidad cierta de mayor bienestar económico.
Para no defraudar a estos alumnos, tanto las autoridades como las instituciones de educación superior que participan de la formación de profesionales en minerÃa, deben velar por que las ofertas de carreras tengan sustento. Este sustento se da en varias dimensiones:
En primer lugar, todo centro de formación requiere profesores. Estos deben estar lo suficientemente calificados para impartir los contenidos y, lo que es más difÃcil, entregar la formación integral que se espera de quienes trabajarán en esta industria. La experiencia de muchas universidades en el mundo da cuenta de que encontrar docentes calificados es una tarea ardua, dada la escasez de profesionales con vocación docente y con las calificaciones adecuadas. La disponibilidad de académicos de tiempo parcial no garantiza una buena formación, en cuanto se requiere un grupo nuclear que sostenga el plan académico dentro de la institución y que vele por su fiel cumplimiento.
En segundo lugar, se necesita de infraestructura adecuada, con laboratorios bien equipados, bibliotecas y zonas de esparcimiento para la formación integral de los estudiantes. La virtualización de contenidos no puede reemplazar la experiencia del trabajo en laboratorio, las visitas a terreno y la discusión presencial.
Finalmente, las instituciones que forman a profesionales deberÃan estar a la vanguardia en investigación, de modo de proveer a la industria profesionales con capacidad de innovar, de aplicar tecnologÃas modernas, de pensar más allá de las urgencias inmediatas.
¿Cómo se garantizarán estas condiciones mÃnimas a los alumnos de carreras que florecen en diversas instituciones, sin siquiera haber formado su cuerpo académico? ¿Qué garantÃa de continuidad de estudios se le da a un estudiante que ingresa a una institución sin acreditar o con una acreditación de pocos años? Urge mayor regulación y un actuar más decidido en transparentar las condiciones en las que se ofrecen las carreras, para evitar el costo social que tiene estudiar una carrera en instituciones que pueden no cumplir con la promesa que hacen a sus postulantes.