Hace un año el sector minero entraba en 2012 con el optimismo que resulta de un portafolio de proyectos de más de US$90.000 millones y un mercado en fuerte expansión. Hoy, en los comienzos de 2013, la percepción es menos optimista y el mercado de minerales parece estar próximo a un cambio de ciclo. En este contexto, me gustarÃa aportar una visión académica sobre los desafÃos que la minerÃa chilena habrá de afrontar en el nuevo ciclo.
Con una aportación del 20% del PIB y del 60% de las exportaciones, la minerÃa es el factor clave para la economÃa de Chile. A largo plazo, esta posición no es sostenible si el sector no mantiene su posición en el contexto internacional como productor de bajo costo y polo de atracción de la inversión en exploración y desarrollo, lo que implica el desafÃo de compensar con mayor eficiencia operativa el paulatino descenso de la ley del mineral y el creciente peso de la minerÃa subterránea y los procesos de tratamiento por flotación, más caros y tecnológicamente más complejos que los actuales.
En resumen, hay que reducir el costo de los insumos (inversión de capital, recurso humano, materiales de operación, agua, energÃa, servicios externos, etc.) que se requieren para poner en el mercado una unidad de producto vendible (cátodo, lingotes de metal doré, concentrado, etc.).
A nivel global el mercado de minerales lleva una década de expansión sostenida y altos precios, lo que ha generado ineficiencias por el aumento en los costos de inversión y operación del sector, derivados de la competencia por insumos escasos y enfoques estratégicos que priorizan los objetivos de producción sobre los de costo.
Ante el cambio de ciclo, estas ineficiencias tienden a mantenerse y su eliminación requerirá de tiempo y grandes esfuerzos de gestión. Para la minerÃa chilena este objetivo conlleva la dificultad añadida de compensar, con eficiencia, la reducción en la ley del mineral, los procesos más caros, los mayores costos derivados de la geografÃa desfavorable de las regiones mineras y cierta desventaja en el acceso al mercado global de recurso humano de alta especialización derivada de la barrera del idioma.
Se trata de un desafÃo de grandes proporciones que, en mi opinión, requiere de estrategias que potencien al máximo dos factores: i) Liderazgo y capacidad de gestión del recurso humano en niveles ejecutivos y ii) Innovación y desarrollo tecnológico. Ambos factores son importantes y mutuamente sinérgicos, aunque el primero (liderazgo y gestión) es el más crÃtico.
En los últimos tiempos proliferan las instituciones universitarias que aspiran a producir ingenieros para la minerÃa. Sin embargo, se trata de iniciativas en las que prima la cantidad sobre la calidad, y que carecen del alineamiento estratégico necesario para producir los profesionales que la industria minera necesita para afrontar el “desafÃo de eficiencia†al que me refiero.
En realidad, la minerÃa chilena afronta una brecha de competencias en sus niveles de decisión, no de cantidad de profesionales, que ha de afrontarse mediante la colaboración de la Universidad y la Empresa en la formación de nuevos profesionales que egresen con el perfil competencial que asegure su acceso a los niveles de toma de decisión en un plazo no superior a cinco años.