En el marco de la 9va edición del Latin America Energy Summit, la ministra de Energía, Ximena Rincón, encabezó la inauguración del encuentro con un llamado a enfrentar la “dualidad estratégica” del país y avanzar en la transición energética sin perder de vista la alta dependencia de combustibles importados.
Durante su presentación, la autoridad subrayó que Chile mantiene una fuerte dependencia de hidrocarburos provenientes del exterior. “Nuestro país, como muchas economías abiertas, presenta alta dependencia de importaciones en materia de hidrocarburos”, afirmó. En esa línea, detalló que más del 95% del petróleo consumido es importado y que cerca del 80% del gas natural proviene del extranjero.
En paralelo, la ministra explicó que esta situación responde a una condición estructural de la economía chilena, que la vuelve especialmente sensible a shocks internacionales y a la volatilidad de los precios de la energía, afectando tanto la seguridad del suministro como el desempeño económico.
“Esto nos pone en una situación de fragilidad y de efectos adversos desde el punto de vista económico”, advirtió, aludiendo al impacto reciente de conflictos geopolíticos en los mercados energéticos globales.
Chile como referente
Pese a ese escenario, destacó que el país ha avanzado de forma significativa en la incorporación de energías renovables y almacenamiento, posicionándose como referente en la región. Sin embargo, reconoció que aún existe una brecha importante para que estas fuentes logren reemplazar de manera más decisiva a los combustibles fósiles en la matriz.
“Somos líderes en transición energética, pero lamentablemente aún tenemos que resolver cómo logramos que el suministro de la energía sea cada vez más renovable”, sostuvo la autoridad.
En ese contexto, la ministra puso énfasis en el sector transporte como uno de los principales focos de transformación, considerando su alta participación en el consumo de hidrocarburos, lo que abre desafíos relevantes para avanzar hacia una electrificación o incorporación de nuevos combustibles. “¿Cómo hacemos para provocar ahí una transformación que sea de verdad revolucionaria?”, planteó.
Asimismo, abordó la necesidad de profundizar la integración energética regional, especialmente con Argentina, destacando que la complementariedad de recursos entre ambos países puede generar beneficios concretos en términos de costos y seguridad de suministro.
“La integración energética ha dejado de ser un sueño y se ha transformado en una necesidad estratégica”, afirmó. En esa línea, relevó los avances regulatorios que han permitido mejorar el intercambio de gas natural, así como el potencial de Chile para convertirse en una plataforma de exportación hacia mercados del Asia-Pacífico, aprovechando su infraestructura existente.
Además, mencionó que “descarbonizar no es sólo un bonito discurso, tiene que ver con mejorar posición económica y calidad de vida”, al referirse al impulso de nuevos combustibles como el etanol, el diésel renovable y los sintéticos.
Panel de conversación
Tras la presentación inaugural, se desarrolló el panel “Nuevos Aires: ¿Qué cambios podemos esperar —y desear— para los próximos cuatro años en el sector energético en Chile?”, moderado por Claudio Seebach, decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez.
El espacio reunió a representantes del sector público y privado para analizar los principales retos del sistema energético en un contexto de alta inversión proyectada. Según se discutió, hacia fines de 2025 existían 213 proyectos de generación en construcción (5,6 GW) y 52 proyectos de almacenamiento (6 GW), en un escenario marcado por limitaciones en transmisión, bajo crecimiento de la demanda eléctrica y presiones financieras sobre las empresas.
Uno de los focos centrales del debate fue el rol de la regulación. En ese marco, el secretario ejecutivo (s) de la Comisión Nacional de Energía (CNE), Mauricio Funes, destacó la necesidad de fortalecer la certeza regulatoria y tarifaria como condición clave para el desarrollo del sector.
Funes mencionó que uno de los principales desafíos es garantizar la “predictibilidad” de las decisiones del organismo regulador, de modo que estas sean coherentes con criterios técnicos previos y otorguen confianza tanto a inversionistas como a consumidores. “Las actuaciones del regulador tienen un impacto relevante en la industria y en los clientes”, afirmó, subrayando la importancia de mejorar procesos y tiempos.
Modernización de la CNE
El representante de la CNE también planteó la necesidad de modernizar la institución de cara a su aniversario número 50 en 2028, incorporando herramientas tecnológicas que permitan optimizar los procesos tarifarios y reducir la dependencia de procedimientos manuales.
Además, destacó que los plazos en el sector energético son cada vez más acotados, lo que exige respuestas rápidas y coordinadas entre autoridades y organismos técnicos. En ese sentido, afirmó que existe una “oportunidad valiosa” para avanzar en reformas que permitan responder a las crecientes exigencias del sistema energético chileno.