(El Mercurio) “Pocas veces he tenido intuiciones, pero esta vez sà y me aferré a ella. Cecilia (Morel) me preguntaba cómo sabÃa que estaban con vida y yo le decÃa que lo sabÃa, pero que no podÃa fundamentarlo con un razonamiento lógico. Eso es fe, y yo pocas veces la he sentido con más fuerza”.
La confesión de Sebastián Piñera alude a aquellos dÃas de agosto 2010 cuando, luego del derrumbe de la mina San José, en la III Región, el destino de los trabajadores sepultados bajo tierra permanecÃa en la incertidumbre. De lo sucedido en esos momentos es de lo que habló el ex Mandatario en un diálogo con el historiador Mauricio Rojas. Una conversación a cuyo contenido tuvo acceso “El Mercurio”, y que devela cómo vivió el entonces Presidente la historia recogida por la pelÃcula “Los 33”, cuyo estreno, el próximo 5 de agosto, coincidirá con el quinto aniversario de los hechos.
“Probabilidades prácticamente nulas”
Ocupaba el lugar siete en la lista. Esa tarde Piñera se encontraba en Ecuador reunido con el Presidente Rafael Correa, cuando entró su asesora de prensa, Carla Munizaga, para entregarle un papel con las últimas noticias de Chile. Allà estaba, en la nómina, el caso que conmoverÃa al paÃs: un derrumbe en una pequeña mina en la Región de Atacama. La información era escasa y la confusión, alta. De inmediato ordenó al ministro de MinerÃa, Laurence Golborne, que lo acompañaba en el viaje, volver a Chile. Él, a su vez, partió al dÃa siguiente a Colombia, donde debÃa asistir al cambio de mando en que asumirÃa el poder José Manuel Santos. A él y al Mandatario saliente, Ãlvaro Uribe, les explicó que no podrÃa asistir a la ceremonia, pues debÃa retornar al paÃs, lo que concretó el sábado 7. Pero en lugar de aterrizar en Santiago decidió hacerlo directamente en la III Región:
“Varios ministros me plantearon que no era conveniente que parara en Copiapó, porque la situación en la mina era caótica (…) En el mismo aeropuerto me reunà con el ministro de Salud, Jaime Mañalich, el ministro Golborne, la intendenta Ximena Matas y otras personas. Ellos me plantearon que, tal como las cosas se veÃan en ese instante, las probabilidades de encontrar o rescatar a alguien con vida eran prácticamente nulas”.
Lección clave: el submarino ruso
Luego de haber tenido ese sábado 7 su primer encuentro con las familias de los mineros, Piñera regresó tarde a Santiago.
“Recuerdo haber llamado a las principales empresas mineras de Chile y de otros paÃses para pedirles consejos y ayuda sobre qué se podÃa hacer. También llamé a cuatro presidentes de paÃses mineros para pedirles ayuda. De hecho, el pedir ayuda en forma temprana resultó ser un elemento muy poderoso para el éxito de la misión. Yo siempre recordaba lo que habÃa ocurrido con un submarino ruso, el Kursk, que se habÃa hundido en el mar de Barents. Al principio los rusos no quisieron pedir ayuda porque sentÃan que era un menoscabo a su orgullo o su prestigio, y cuando decidieron pedir ayuda ya era demasiado tarde. Cuando llegaron hasta donde se encontraban los marinos, estaban todos muertos”.
En vuelo con Sougarret y Nelson Pizarro
El lunes 9, el entonces Presidente retornó a la mina. Iba acompañado por dos personas, recomendadas como las más competentes para liderar técnicamente un rescate: el ingeniero André Sougarret y Nelson Pizarro, actual presidente ejecutivo de Codelco.
“Durante el viaje en avión les iba explicando la situación con ayuda de unos dibujos que todavÃa conservo. Por supuesto que en ese momento sabÃamos muy poco de lo que realmente habÃa ocurrido y menos sobre la situación de los mineros a 700 metros de profundidad”.
“¿Qué pasarÃa si los encontrábamos muertos?”
A medida que se conocÃan más detalles geológicos de la zona, el pesimismo cundÃa: la mina venÃa siendo explotada desde el siglo 19, y numerosas galerÃas no se encontraban suficientemente afirmadas. El operativo oficial estaba en marcha:
“En un momento determinado André Sougarret y el ministro Golborne me plantearon tres alternativas posibles, y opté por probar las tres simultáneamente. Asà que tenÃamos tres focos distintos de perforación, con tecnologÃas distintas. TenÃamos una tecnologÃa petrolera, una tecnologÃa minera y una tecnologÃa hidráulica, que se utiliza para encontrar agua. Para llevar a cabo todo este esfuerzo, que estaba encabezado por Sougarret y los ministros Golborne y Mañalich, se llegó a reunir un equipo de cientos de personas, que iban desde los ingenieros, que veÃan la parte de las perforaciones, hasta los expertos en salud”.
Las perspectivas eran complejas y las discusiones obligaban a considerar todos los posibles escenarios:
“DiscutÃamos sobre preguntas muy difÃciles, como qué iba a pasar si seguÃan fracasando los intentos de encontrarlos y hasta dónde llegaba lo humanamente posible. También nos preguntábamos sobre qué pasarÃa si los encontrábamos muertos, qué harÃamos entonces. HabÃa que estar preparado para distintas circunstancias, incluso las más tristes”.
“Están vivos, tu deber es rescatarlos”
El domingo 22 de agosto, alrededor de las seis de la mañana, una de las sondas de exploración rompió el techo de la galerÃa donde se encontraba el refugio de los mineros. Como se sabe, el sábado 21 Piñera se encontraba en Santiago, acompañando a su mujer y a su suegro, aquejado este último de un cáncer terminal.
“Como a las 10:00 u 11:00 de la noche, Cecilia decidió irse a casa porque estaba agotada. Yo me quedé y en algún momento de la madrugada del 22 de agosto él recuperó la conciencia y me dijo: ‘los mineros están vivos, tu deber es rescatarlos’. Él era ingeniero y estaba muy preocupado, pero también muy motivado e informado sobre el rescate de los mineros. Pocas horas después murió. Llamé a Cecilia y le conté lo que su padre me habÃa dicho, y luego agregué: ‘mira, te voy a decir una cosa que te puede parecer muy extraña, pero me voy a ir ahora mismo a la mina y voy a volver en la tarde para la ceremonia en la iglesia’. Y ella me respondió: ‘tienes toda la razón, anda’. Asà que partÔ.
“Se dieron cuenta de que algo bueno pasaba”
La llegada del Presidente a la mina prácticamente coincidió con el hallazgo del famoso papel escrito por el minero José Ojeda: “Estamos bien en el refugio los 33”. Entonces, junto con Golborne y los rescatistas, bajaron al “campamento Esperanza”, como se llamó al lugar donde los familiares se instalaron, en espera de los suyos, durante todo el perÃodo.
“Los familiares observaron con sorpresa a este grupo que venÃa, y nos vieron las caras y de inmediato se dieron cuenta de que algo bueno habÃa pasado. Ese encuentro fue algo inolvidable, cada abrazo, cada lágrima. Y es ahà cuando con ayuda de un megáfono le transmito a la gente, con el papel en la mano, lo que decÃa el mensaje allà escrito. Después de eso los llamamos a una reunión más organizada y les explicamos lo que venÃa”.
¿Horizontal o vertical? El dilema del túnel
Una vez encontrados los mineros, la siguiente tarea, su rescate, se presentaba igualmente difÃcil.
“Lo que hicimos durante ese segundo perÃodo fue organizar dos equipos. El primero se ocupó del rescate, estando a cargo de André Sougarret bajo la supervisión del ministro Golborne. Allà se discutió mucho si hacer un túnel horizontal o insistir con la tecnologÃa vertical. El túnel horizontal era más fácil de hacer porque la máquina que va penetrando en el cerro se puede desplazar, pero era mucho más largo. El vertical era más difÃcil pero más corto, asà que se optó por la tecnologÃa vertical. El segundo equipo estaba dirigido por el ministro Mañalich y su misión era velar por la salud fÃsica y emocional de los mineros”.
“¿Quién organizó un procedimiento tan complicado?”
Finalmente, llegó el 12 de octubre, el dÃa del rescate. Fue para Piñera un momento de decisiones. Técnicas, como no entubar todo el trayecto por el que pasarÃa la famosa cápsula Fénix 2, en la que saldrÃan los mineros, de modo de no seguir postergando la operación. Pero también determinaciones de otro tipo.
“Entre la prensa y el lugar del rescate se habÃa interpuesto una enorme barrera visual que impedÃa ver lo que estaba pasando. Yo fui a hablar con la prensa y todos estaban indignados porque no se los dejaba transmitir en directo sus propias imágenes. La idea era que solo la cámara oficial filmara y entregara las imágenes en diferido. Además, primero se iba a llevar a los mineros por una especie de túnel a una clÃnica ambulante donde los iban a estabilizar y después de algo asà como una hora iban a ir a una carpa donde esperarÃan las familias y también nosotros. Pregunté quién habÃa organizado un procedimiento tan complicado y secreto, pero nadie me supo responder con claridad. Entonces decidimos cambiar toda esta planificación. Sacamos la barrera para dejar que los medios enviasen en directo su propia señal y transmitiesen lo que quisieran. Acá no habÃa nada que ocultar, todo lo contrario. Este era un momento de triunfo, de alegrÃa”.
“¡Ni lo pienses!”
En medio de la operación, las ideas bullÃan. Incluida una: la de bajar el Presidente al refugio.
“La verdad es que en un momento se me pasó por la cabeza pero nunca fue una intención verdadera. En todo caso mi mujer, que me conoce bien, vio mi expresión cuando miraba a un rescatista que se subÃa a la cápsula y estaba listo para bajar y entonces me dijo: ‘ni lo pienses’… porque era obvio que lo habÃa pensado”.