Un giro copernicano II

Marcos Lima, profesor PUC. Miembro del Directorio de Codelco.

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Ha pasado un año desde que en estas páginas escribí acerca del giro copernicano que la empresa debe hacer en las relaciones con sus públicos referentes, con sus stakeholders, aplicando de lleno el enfoque sobre valor compartido que el gurú de la estrategia, Michael Porter, plantea en su ya célebre artículo de Harvard Business Review.

¿Tenemos evidencia de que dicho cambio está empezando a ocurrir?, ¿alguna señal para ser optimista en torno al futuro?, ¿se aprecia en el comportamiento empresarial “la siguiente evolución del capitalismo”?

Es justo reconocer que ello no está pasando. Los vientos políticos que corren en nuestro país han levantado con más fuerza la idea del abuso de las empresas a partir de fallos judiciales (recordemos cómo afectó a una candidatura presidencial), y la actuación del Sernac, cada día más agresivo en defensa de los consumidores y los medios de comunicación que “hacen su agosto” con estos temas. La imagen empresarial se ha deteriorado al punto que una encuesta sobre la confianza en las instituciones en Chile muestra que quienes tienen mucha confianza en los empresarios solo alcanzan a la ínfima cifra del 5% de la población. Pareciera que ni los empresarios creen en los empresarios.

Este problema no es ni con mucho propio de Chile. Un artículo del profesor Joseph L. Bower, prestigiado profesor de Harvard University, publicado en septiembre de 2011, plantea que si las empresas se comportan en los próximos 25 años de la misma manera como lo han hecho los últimos 25, el sistema mismo corre el riesgo de colapsar.
¿Qué esperamos para reaccionar? A veces siento, como dice el refrán, que “el destino ciega a quienes quiere perder”.

Es indudable que han sido buenos años para la minería. No solo para los accionistas de las empresas mineras, incluido el Fisco chileno a través de Codelco.

Considerando la escalada alcista de las rentas de ejecutivos, profesionales y trabajadores, y los bonos asociados a las negociaciones colectivas, quienes trabajan en nuestro país en este sector han llegado a ser los mejores pagados del mundo en proporción a los ingresos de la población. La bonanza ha alcanzado a todos.

En este contexto, a pesar de que los precios del cobre vienen de bajada, tenemos que instalar en nuestras compañías el concepto de valor compartido: aquellas políticas y prácticas corporativas que refuerzan la competitividad de una empresa, mientras simultáneamente se avanza en las condiciones sociales y económicas en las comunidades en que se opera. Y no es suficiente que una u otra empresa minera considere en su estrategia tratar de obtener la famosa licencia para operar. Tenemos que demostrar que la calidad de vida en las regiones mineras es la mejor del país. Que los proyectos mineros traen riqueza y bienestar para todos, no solo para quienes trabajan en ellos. Que nuestra gente encuentra en el trabajo un sentido y un futuro para ellos y sus familias.

Por eso, nunca debemos olvidar que “la finalidad de la empresa, no es simplemente la producción de beneficios, sino más bien la existencia misma de la empresa como comunidad de hombres que, de diversas maneras, buscan la satisfacción de sus necesidades fundamentales y constituyen un grupo particular al servicio de la sociedad entera”.

Marcos Lima es profesor titular adjunto de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es miembro del Directorio de Codelco, empresa de la que fue presidente ejecutivo entre 1996 y 2000.

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