La minerÃa representa el 13% de participación en el PIB y uno de cada 20 puestos de trabajo en Chile. Según un estudio de una prestigiosa empresa, la remuneración promedio de un trabajador minero bordea los $3,8 millones mensuales, 10 veces sobre la media del resto del paÃs. Por ello, una aspiración común para muchos es conseguir un trabajo en minerÃa. Al menos para quien resista sus turnos o estar con frecuencia lejos de su familia.
El año pasado las proyecciones de crecimiento indicaban que la producción minera a 2020 se duplicarÃa y que a 2015 el déficit de trabajadores serÃa de 69.000 personas. En las ponencias de expertos del Human Resource Mining 2012, se planteaban diferentes cifras de brecha (50, 75 ó 100.000). El Consejo Minero cifraba en 37.638 la falta de trabajadores para 2020.
Ante tanta variabilidad, uno se pregunta ¿cómo se calcularon tales cifras?, ¿existe algún dimensionamiento cientÃfico, si no óptimo, al menos factible?, ¿o es una mera “regla de tres†tomando como base la proyección de producción minera?
Como reacción ante este boom, la mayorÃa de las instituciones de educación superior crearon carreras relacionadas directa o indirectamente con la minerÃa. De las 58 universidades chilenas, nueve ofrecÃan la carrera de IngenierÃa de Minas antes de 2012. Este año son 31. Si estos profesionales se titularan hoy, habrÃan quintuplicado el egreso tÃpico. Proyectando a 2015, sobrarÃan más de 2.000 ingenieros en minas. Es decir, aun en aquel desactualizado escenario de crecimiento, los ingenieros importados de España, los forestales reconvertidos y muchos actuales estudiantes de estas carreras no tendrÃan espacio.
Desde el segundo semestre de 2011 comenzó a vislumbrarse una desaceleración de las inversiones en minerÃa. En 2012 hubo despidos masivos en las principales empresas de ingenierÃa y se detuvieron las contrataciones de profesionales en las mineras. Se estima que US$43.000 millones de los nuevos proyectos se han detenido (de un total de US$66.890 millones), lo que ha conllevado la desvinculación del 10% de los trabajadores asociados a ellos. Probablemente la caÃda del precio del cobre, cuya producción implica el 78% de la minerÃa en Chile, potencie este escenario.
En la visión del stakeholder ya no es la disponibilidad de recursos humanos el problema, sino cómo continuar rentando con un precio y demanda alicaÃdas, peores leyes y mayores costos de producción. En la visión del trabajador, del estudiante y de quien mira aspiracionalmente un puesto en una minera (soñando bonos con olor a camioneta nueva), en cambio, quizás sea la oportunidad para repensar si la promesa de proyección, ingresos y estabilidad es verdadera. Y, por lo mismo, para el empleador, si le conviene tener trabajadores que busquen solo “aguantar una temporada†en la minerÃa.