¡Hagamos las tareas bien! El caso de la fallida licitación del litio

Cristián Quinzio S. es abogado.

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La opinión pública ha sido testigo de cómo se desarrolló una publicitada y mal estructurada licitación del primer CEOL de litio, y de los continuos errores cometidos por el Gobierno para intentar enterrarla. ¿Por qué tantas equivocaciones? Por hacer mal las tareas.

En abril el Ministerio de Minería dio inicio a un proceso de licitación nacional e internacional para la suscripción del primer CEOL, señalándose que se adjudicaría al oferente que, habiendo calificado en los requisitos administrativos, presentara la mejor oferta económica, esto es, el mayor precio por sobre el precio base de $2.500 millones. Para administrar el proceso licitatorio se creó un Comité Especial de Licitación (CEL), presidido por el subsecretario de Minería e integrado por otros cuatro miembros.

Se presentaron tan solo tres ofertas: la de SQM, la del Consorcio Posco y la de SLM NX de Peine, parte del grupo Errázuriz. Posteriormente, el presidente y secretario del CEL determinaron que los tres oferentes satisficieron los requisitos. Conforme a tal calificación, con fecha 24 de septiembre se abrieron las ofertas económicas, tras lo cual se extendió un acta firmada por los cinco miembros del CEL, en la que se declaró que no existen oferentes impedidos de seguir en el proceso, adjudicándose la licitación a la mejor oferta económica, que era la de SQM. Producto de esta adjudicación, el ministro de Minería (S), Pablo Wagner, dictó la Resolución Nº 2659 del 25 de septiembre, en la que se materializó tal adjudicación. Hasta ahí, todo iba muy bien y se cumplían los planes del Gobierno.

Pero el proceso se vio truncado por la presentación de uno de los miembros del Consorcio Posco, que hiciera la entonces segunda mejor oferta económica –hoy la mejor–, señalando que el CEL incurrió en un grave error al calificar positivamente a SQM, por cuanto esa empresa tenía y mantiene hasta hoy diversos litigios con el Estado de Chile. Y aquí comienza la comedia de equivocaciones que conllevan a la abrupta salida del subsecretario Wagner, a la revocación de la adjudicación y diversos y fallidos intentos de terminación del proceso licitatorio.

Pero lo que ha quedado claro es que el Ministerio de Minería hizo muy mal su pega. ¿Por qué? En primer lugar, porque quedó la sensación que lo que se pretendía era que el CEOL tuviera un solo adjudicatario, SQM, manteniendo el oligopolio hoy existente respecto del litio. ¿Por qué terminar el proceso licitatorio cuando lo que correspondía era tan solo descalificar a SQM?

Y lo más grave, por considerar suficiente para impulsar el desarrollo de la industria del litio, hacerlo mediante decisiones administrativas, redactadas a espaldas de la ciudadanía, con falta de prolijidad, cuando lo que corresponde es abrir una discusión para aprobar una ley que ponga término a la inconcesibilidad del litio, poniendo fin a la existencia de concesionarios de primera y segunda clase, según sus concesiones se encuentren constituidas antes o después de 1979.

El litio ya no es más un mineral estratégico, teniendo hoy Chile una posibilidad de aprobar un sistema de concesiones –tal como lo ha hecho con la geotermia– que sepan conciliar los intereses del Estado y de los particulares.
En resumen, si queremos impulsar el desarrollo de la industria del litio en Chile: ¡HAGAMOS LAS TAREAS BIEN HECHAS!

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