(La Tercera) Generadoras eléctricas, cementeras y metalúrgicas serán las industrias más afectadas por los impuestos verdes. Este gravamen, que hará tributar las emisiones de los agentes contaminantes para tener un paÃs más sustentable, afectará a cerca de 150 fuentes fijas de emisión, según datos preliminares del Ministerio de Salud y de la Superintendencia de Medio Ambiente.
El proyecto de reforma tributaria que se discute en el Congreso contempla tres impuestos llamados verdes. Uno que afectará la venta de vehÃculos diésel; otro general, que afectará la emisión de CO2 -y que el proyecto original cifraba el gravamen en US$ 5 la tonelada-, y el último, enfocado en contaminantes locales, como el dióxido de azufre (SO2), de nitrógeno (NOx) y material particulado (MP). Estos dos últimos impuestos, según el protocolo de acuerdo firmado entre el gobierno y la Comisión de Hacienda del Senado, el 8 de julio, se aplicará a las fuentes fijas que tengan una potencia térmica igual o superior a 50 megavatios (MW). Esta especificación es relevante, ya que el sector eléctrico acusaba discriminación en la forma en que se aplicarÃa el nuevo tributo, centrando el impacto en este sector y excluyendo, por ejemplo, a las fundiciones mineras. El protocolo establece que “se aclarará el ámbito de aplicación del impuesto a la emisión de fuentes fijasâ€. Lo que se escriba finalmente en las indicaciones tiene en vilo al sector industrial.
Las estimaciones preliminares del gobierno son que 142 fuentes fijas serán afectadas con el impuesto. De ese total, 93 corresponden a la generación termoeléctrica, incluyendo las unidades para generar energÃa y las centrales de empresas privadas. El resto corresponde a fuentes fijas de la industria cementera, papeles, celulosa (las centrales de biomasa estarán excluidas del pago), metalúrgica y alimenticia. A esto hay que sumar el levantamiento de información que está realizando el Ministerio de MinerÃa y donde se deberÃan incluir las siete fundiciones con las que opera hoy la industria en el paÃs. El número si bien es importante, indica una fuente del sector industrial, es menor al universo que inicialmente contemplaba el gobierno, donde se hablada de 500 empresas.
Cierre o reestructuración
El análisis crÃtico al interior de la industria lo anticipó el presidente de la Sofofa, Hermann von Mühlenbrock, quien indicó que, según la experiencia comparada, el nuevo gravamen no tendrá impacto en la reducción de las emisiones, pero sà puede sacar del mercado a varias empresas. El presidente de Asimet, Gastón Lewin, comparte esa visión. Indica que no se trata de hacer “polÃtica del terrorâ€, pero que puede haber cierre de compañÃas, “sobre todo de aquellas que ya están en el lÃmiteâ€. Destaca que el sector manufacturero hizo un importante esfuerzo para adecuar las operaciones a la nueva norma de emisiones que afectó a las fundiciones. “Ese compromiso es reconocido por la autoridadâ€, dice. El sector, añade, debió realizar esas inversiones en un escenario adverso, con costos de la energÃa y laborales altos y con la fuerte arremetida de Asia en la importación de productos.
Para el gerente general de Melón, cementera del grupo peruano Brescia, Jorge Eugenin, este impuesto no pone en riesgo la continuidad de la compañÃa, “que tiene más de 100 años de historiaâ€, afirma, “pero sà nos podrÃa obligar a reorganizar nuestros procesos para mantener nuestro liderazgoâ€.
Eugenin explica que la compañÃa siempre ha aportado al desarrollo del paÃs y que la firma entiende que los conceptos de desarrollo y sustentabilidad son los que persiguen los impuestos verdes, pero “creemos que lo que ha salido publicado en el protocolo de acuerdo del Senado podrÃa no generar los efectos deseados, particularmente en nuestra industriaâ€. Uno de esos efectos, detalla, podrÃa ser la transferencia inmediata de la producción local por importaciones generadas por el posible cierre de hornos. “Esto implicarÃa pérdidas de empleos estables, aumento en las emisiones de CO2 global y la reducción de la capacidad de reciclaje de residuos para la sociedadâ€. El ejecutivo explica que el CO2 producido por la industria del cemento proviene principalmente de la descarbonatización de la caliza, más que por el uso de combustibles fósiles. Además, indica que Chile está entre los 10 paÃses que menos emiten CO2 en esta industria y que las emisiones del sector son un 20% menor al promedio mundial. Con este escenario, indica que el impacto económico de este impuesto significarÃa un aumento aproximado de US$ 3 por tonelada, “generando una desventaja económica competitiva ante los mercados externos que no aplican impuestos verdes directos a la fabricación de cemento, considerando nuestro factor de emisiónâ€.
Competencia desleal
Para CAP Acero, la situación también es crÃtica. La compañÃa ya vivió un 2013 complejo, que implicó una fuerte reestructuración de la planta de Huachipato, reducción de personal y el cierre de una lÃnea de producción. Con el nuevo impuesto, el escenario nuevamente se complica. La empresa explica que “el costo que representarÃa la aplicación de los impuestos a las emisiones no podrá traspasarse a precio, constituyendo una carga que afectará directamente la competitividad de la industria nacional, amenazando severamente su viabilidadâ€. Ello, porque al ser una siderúrgica integrada, no es técnicamente factible migrar los procesos industriales a tecnologÃas de menor emisión. “El carbono como elemento quÃmico constituye el agente clave para lograr la reducción del mineral de hierro en la primera etapa del proceso para la obtención de acero. No existe hoy una tecnologÃa que permita operar los Altos Hornos con un agente distinto al carbono proveniente del carbón mineralâ€, dice CAP.
En CAP Acero señalan que serÃa paradojal que, como consecuencia de esta iniciativa, el mercado nacional terminara siendo abastecido en su totalidad por acero importado, originado en paÃses que lo producen sin regulación de sus emisiones. “Esta constituye una nueva faceta de competencia desleal, que se agregarÃa a la que ya debe enfrentar la producción local de acero y cuyos efectos negativos sólo podrán ser compensados por la imposición automática de una sobretasa aduanera que replicara los efectos del impuesto en discusiónâ€, dice la compañÃa.
Lo que se espera
Por todos estos puntos, en el sector privado esperan que el proyecto de ley, cuyas indicaciones serÃan ingresadas todas juntas en las próximas semanas, haya claridad en lo que se quiere gravar y el monto que tendrá el impuesto. Y también, que exista gradualidad en su implementación, tiempo que deberÃa ser mucho mayor que cinco años, dice Gastón Lewin.
Para René Muga, vicepresidente ejecutivo de Generadoras de Chile, los detalles de la iniciativa “deben quedar claramente escritos, porque tal como está hoy, hay muchos vacÃosâ€. Uno de los puntos de interés del sector es que las generadoras puedan quedar exentas del pago si la compañÃa ya compensa las emisiones que quedan en la atmósfera. Esto, a raÃz de que las empresas eléctricas, por obligación, imposición o voluntariamente, ya compensan sus emisiones. “Si lo que se quiere con esto es reducir emisiones y no recaudar dinero, deberÃa haber un incentivo para que aquel que emite, pero compensa, no tenga que pagar el impuesto o pueda presentar como crédito tributario todo aquello que compensóâ€, explica.
Para Jorge Eugenin, la consideración de CO2 como elemento contaminante, tal como está planteado en el proyecto de ley, deberÃa modificarse o eliminarse, ya que, a su juicio, un gravamen en la industria del cemento que no considere metas y/o los efectos mundiales de este contaminante no generan beneficios para el medioambiente. Si la reforma tributaria mantiene el impuesto al CO2 para la industria del cemento, señala que “se deberÃa considerar la actividad del coprocesamiento de nuestros hornos, similar al caso de las fuentes que usan la biomasaâ€, tecnologÃa que no pagará este impuesto.