La mitilicultura en Chile se ha consolidado como una actividad clave dentro del sector acuícola nacional, destacando en los últimos años por la incorporación de mejores prácticas productivas, enfoques preventivos y soluciones tecnológicas orientadas a disminuir su huella ecológica.
Los centros de cultivo de mitílidos están destinados a la producción de moluscos bivalvos como el chorito o mejillón chileno (Mytilus chilensis), el choro zapato (Choromytilus chorus) y la cholga (Aulacomya atra), especies que forman parte relevante de la acuicultura nacional. A enero de 2025, las Resoluciones de Calificación Ambiental (RCA) asociadas a esta actividad superan las 1.200, lo que representa cerca del 7% del total nacional, concentrándose mayoritariamente en la Región de Los Lagos, donde se origina más del 90% de la producción mitilicultora del país.
Con el objetivo de reducir los impactos ambientales asociados al crecimiento del sector, la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) lanzó una nueva Estrategia de Cumplimiento Ambiental para el sector mitílidos, enfocada en materias productivas y en la prevención de la elusión del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Esta estrategia prioriza un enfoque preventivo y correctivo, fortaleciendo el monitoreo y la fiscalización.
Según explicó la superintendenta del Medio Ambiente, Marie Claude Plumer, la estrategia se estructura sobre cuatro pilares: prevención, corrección, respuesta sancionadora y evaluación de resultados, a partir de los cuales se definen objetivos, acciones y actividades. El propósito central es asegurar el cumplimiento ambiental efectivo, mediante la detección de incumplimientos, el desarrollo de herramientas de control y la evaluación continua de su eficacia.
Desde el punto de vista biológico, la SMA detalla que los mitílidos son moluscos bivalvos filtradores que habitan desde el intermareal hasta profundidades de 25 metros, adheridos a sustratos duros mediante un biso. Se encuentran comúnmente en fiordos y estuarios del sur y austral de Chile, tolerando amplias variaciones de salinidad y temperaturas que oscilan entre -10 y 28 °C. Entre las especies cultivadas, destaca el Mytilus chilensis, por su alta relevancia económica y social, siendo la única especie marina nativa con volúmenes productivos significativos a nivel nacional.
Un elemento central de esta estrategia es el uso de tecnología para ampliar la cobertura y mejorar la eficiencia del monitoreo ambiental. En este contexto, se desarrollará una herramienta tecnológica para el cálculo automático, monitoreo y fiscalización de la producción de los centros de cultivo de mitílidos, permitiendo mayor trazabilidad de la información y mejor toma de decisiones.
Segundo Acuerdo de Producción Limpia (APL)
En paralelo, el Segundo Acuerdo de Producción Limpia (APL) impulsado por la Asociación de Mitilicultores de Chile (AmiChile) refuerza el compromiso del sector con la reducción de residuos y la prevención de la contaminación marina, especialmente aquella asociada a plásticos de origen productivo.
El director ejecutivo de AmiChile, Rodrigo Carrasco Arata, destaca que la industria ha avanzado en la disminución de pérdidas de boyas, cabos y redes, fortaleciendo los sistemas de monitoreo, mantenimiento y trazabilidad de los elementos plásticos utilizados en los cultivos. Si bien los plásticos marinos tienen múltiples orígenes, desde la mitilicultura existe conciencia de la necesidad de eliminar cualquier aporte al medio ambiente, mejorando la gestión y control de estos materiales.
Asimismo, Carrasco aclara que los cultivos de chorito no generan sedimentos ni residuos orgánicos en el fondo marino, ya que no utilizan alimentación externa. Los mitílidos se alimentan de microalgas mediante filtración, y el sistema productivo se basa en líneas suspendidas, no en balsas. La eventual acumulación de organismos desprendidos genera, en algunos casos, ecosistemas emergentes, atrayendo crustáceos y peces, contribuyendo a la recuperación de fondos marinos previamente degradados.
Desde AmiChile se reconoce el potencial de tecnologías de bajo impacto, como la sensorística, polímeros biodegradables, fondeos más ligeros y modelación oceanográfica, para seguir reduciendo la huella ecológica de la mitilicultura. En esta línea, el gremio ha trabajado junto al Centro de Innovación de Los Lagos, impulsando desafíos tecnológicos orientados a mejorar la sostenibilidad y eficiencia del sector.
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Fotografía: Archivo SMA.