El precio del petróleo se consolida como un factor estructural crítico para la actividad pesquera global, con efectos directos sobre la rentabilidad de las flotas, la sostenibilidad de los recursos y la seguridad alimentaria. Así lo plantea la investigación “Impacto del precio del petróleo en la alimentación mundial, rentabilidad y sostenibilidad de las flotas pesqueras”, desarrollada por Rene Pallalever, que analiza esta relación desde una perspectiva bioeconómica y energética integrada .
Uno de los principales elementos que identifica el estudio es la alta dependencia del sector respecto a los combustibles fósiles. En este contexto, el documento señala que “el sector pesquero industrial, que provee proteína animal a más de 3.200 millones de personas en el planeta, se encuentra en una posición estructural de alta vulnerabilidad frente a las fluctuaciones de los mercados energéticos internacionales”.
Esta vulnerabilidad se explica, en gran medida, por el peso del combustible dentro de la estructura de costos operativos. Según el análisis, este ítem puede representar entre un 38% y un 60% del total, dependiendo del tipo de pesquería, lo que convierte al precio del petróleo en un determinante directo de la actividad extractiva.
En términos econométricos, la investigación establece que existe una relación robusta entre el precio del crudo y los costos del sector. En efecto, se identifica una elasticidad de 0,62, con un rezago de transmisión de entre dos y tres meses, lo que implica que las variaciones en el mercado energético se trasladan rápidamente a la operación pesquera.
Desde el punto de vista productivo, uno de los efectos más relevantes es la reducción del esfuerzo pesquero en escenarios de altos precios energéticos. Esta dinámica, si bien puede aliviar la presión sobre los stocks, tiene consecuencias directas en la disponibilidad de alimentos.
El impacto en los consumidores también es significativo. De acuerdo con los resultados, un aumento del 100% en el precio del petróleo puede traducirse en un encarecimiento cercano al 45% en el precio minorista del pescado en un plazo de seis a nueve meses, afectando especialmente a economías de menores ingresos.
En este escenario, uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la identificación de umbrales críticos. En particular, se establece que precios sobre los US$95 por barril marcan un punto de inflexión en la seguridad alimentaria global.
Al respecto, la investigación indica que “las simulaciones identifican $95/barril como el umbral crítico a partir del cual el impacto del precio del petróleo sobre la seguridad alimentaria pasa de ‘significativo’ a ‘crítico’. Por encima de este umbral, los mecanismos de retroalimentación negativa generan una espiral de desinversión, reducción de capturas, alza de precios y deterioro del bienestar nutricional que los mercados por sí solos no pueden corregir”.
En términos de rentabilidad, el análisis muestra que el margen operativo de las flotas se reduce significativamente a medida que aumenta el precio del petróleo. Mientras con valores cercanos a US$40 por barril existe un amplio rango de operación viable, en torno a US$100 este se estrecha considerablemente, y sobre US$130 puede desaparecer para flotas con tecnologías convencionales.
El impacto, además, no es homogéneo entre pesquerías. Aquellas de mayor escala y distancia presentan una mayor exposición al costo del combustible, mientras que las operaciones artesanales, aunque menos dependientes directamente, enfrentan efectos indirectos asociados al alza de insumos y transporte.
Desde una perspectiva estructural, el estudio introduce el concepto de “dilema bioenergético”, que describe la tensión entre sostenibilidad y abastecimiento alimentario. En este sentido, el documento plantea que “el petróleo no es solo un insumo del sector pesquero: es su variable reguladora sistémica. Sin políticas activas que gestionen esta dependencia —mediante eficiencia energética, diversificación del mix de propulsión y regulación inteligente del esfuerzo— el sector pesquero global seguirá atrapado en un ciclo de sobreexplotación en épocas de energía barata y colapso económico en épocas de energía cara”.
Frente a este escenario, la investigación evalúa distintas alternativas de política pública, concluyendo que no existe una solución única. No obstante, destaca que la combinación de cuotas de pesca con incentivos a la eficiencia energética aparece como la estrategia más equilibrada en términos de sostenibilidad, rentabilidad y seguridad alimentaria.
Asimismo, se releva el rol de la acuicultura como complemento para asegurar el abastecimiento de proteína marina en contextos de alta volatilidad energética, aunque también se advierte que esta actividad mantiene vínculos relevantes con el costo del petróleo, particularmente en transporte y alimentación.
En definitiva, el estudio concluye que la transición energética del sector pesquero no solo es una necesidad ambiental, sino también una condición clave para su viabilidad económica y su contribución a la seguridad alimentaria global en un escenario de creciente incertidumbre energética.
Fotografía hecha con IA