Uso intensivo de los recursos: ¿se detiene la generación de ideas?

Ricardo Badilla O. es ingeniero civil químico de la Universidad de Chile. Actualmente es gerente general de BioSigma.

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En momentos en que existe un consenso de la creciente pérdida de competitividad de la minería chilena por la baja en las leyes de los minerales y los aumentos en los costos, llama la atención el cierre y demolición de las instalaciones del Centro de Investigación Minero y Metalúrgico (CIMM), dando paso a un negocio inmobiliario.

Sorprende que muchos piensen en Chile que la investigación y la generación de nuevos conocimientos no tienen impacto en el negocio minero a mediano y largo plazo y, por ende, son prescindibles. Parecería que los motores del desarrollo de la minería chilena, los recursos mineros y humanos, y las tecnologías para explotarlos, no requieren de nuevas ideas y está todo dicho.

La investigación genera nuevas ideas, mientras que la tecnología y la innovación son el uso de ideas para aumentar los retornos económicos. Hasta ahora el desarrollo minero de Chile ha sido sobre la base del uso extensivo de los recursos, agregando nuevas reservas mineras, capital y recursos humanos. Esto tiene un límite al disminuir la tasa de adición de nuevos recursos por su agotamiento o por el aumento sostenido de los costos. Por otra parte, el desarrollo intensivo se basa en el descubrimiento e implementación de mejores formas de hacer las cosas, combinando los recursos disponibles. Este tipo de crecimiento permite la mejora continua, incluso en los escenarios en que los recursos disminuyen. Los economistas llaman a este factor del crecimiento “tecnología”, aun cuando el concepto es amplio, incluyendo mejores regulaciones, mejoras en la educación, además de los avances propiamente tecnológicos. Salvo algunos pocos desarrollos generados localmente, Chile, como todos los países emergentes, se ha beneficiado del stock de tecnologías disponibles en el primer mundo.

En términos agregados, el crecimiento en los países desarrollados se ha estancado, por lo que la economía crece por el uso extensivo de los recursos en los países emergentes. Las innovaciones generan nuevas formas de hacer las cosas, pero no cambian radicalmente las maneras de combinar la energía, agua, telecomunicaciones, transporte, etc., como las aplicamos hoy en la minería.

¿Qué pasa con la investigación en el mundo? Estudios en Estados Unidos muestran que entre 1950 y 1993 el 80% del crecimiento de la economía americana se explica por las mejoras en educación e investigación. Sin embargo, a pesar de un aumento importante en los recursos en I+D y el número creciente de investigadores, patentes y publicaciones, la productividad promedio de los investigadores en 2000 es un séptimo de la de sus colegas en 1950. Es cada vez más difícil generar innovaciones radicales.

En las empresas, el lapso que toma implementar las mejoras tecnológicas también es creciente. En minería, dado que los proyectos tienen un horizonte largo, las innovaciones tecnológicas son muy difíciles de introducir dado los plazos para su escalamiento y validación. Por ejemplo, ante la introducción masiva de las tecnologías de información en las empresas, los estudios muestran que los aumentos en productividad toman entre 5 y 15 años en materializarse.

Sobre la base de lo anterior, y dada la importancia de la minería para Chile, resulta inexplicable que no tengamos una gran alianza público-privada para incrementar las ventajas competitivas de la minería, incrementando el uso intensivo de los recursos de que disponemos enfrentando la baja en las leyes. Depender exclusivamente del desarrollo extensivo de los recursos y del stock de tecnologías disponibles en el mundo conducirá inevitablemente a una pérdida creciente de competitividad y productividad en la minería chilena.

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